martes, 9 de octubre de 2007

Radares


La tecnología del radar:
Debido a esos fenómenos, hay otras particularidades que tienen su aplicación en las telecomunicaciones, pero para entender el tema que tratamos, sólo nos interesa el tercer fenómeno. Basta comprender que, si por medio de una antena enviamos una onda de radio en dirección a un objeto, parte de esta onda rebotará y regresará a nuestra antena. La porción de energía devuelta es mínima, dependiendo de la naturaleza del objeto (si es metálico o no), de la potencia usada y de la longitud de onda empleada, pero generalmente es suficiente para ser aprovechada. En la práctica se requiere emitir un pulso de muy alta potencia, el cual es reflejado por cualquier objeto y al regresar es recibido por la antena del radar. Un simple cálculo, basado en que la velocidad de las ondas electromagnéticas es de 300 millones de metros por segundo, permite calcular la distancia midiendo el tiempo que demora el pulso en regresar al punto de origen. La dirección se calcula por la posición de la antena con respecto al objeto reflector. El primer fenómeno es de vital importancia en las telecomunicaciones pues si el objeto metálico mide un múltiplo de la cuarta parte de la longitud de onda genera un máximo de corriente que a su vez es radiada al espacio, principio en el que se fundamenta el funcionamiento de las antenas.
Primera Guerra Mundial:
Durante la Gran Guerra de 1914, Richard Scherl, hijo del magnate de prensa August Scherl, también imaginó la posibilidad de usar ondas de radio con el mismo propósito, aún sin saber que existía la patente de Hülsmeyer. Scherl en compañía del escritor de ciencia ficción Hans Dominik diseñaron el Strahlenzieler (rayo apuntador) y exitosamente demostraron su aparato que trabajaba con ondas de 10 cm. El invento fue ofrecido a la Marina Imperial Alemana, pero les dijeron que no era de importancia capital, para el esfuerzo de guerra.